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Vanessa Sánchez

Experta en Marketing

29 diciembre, 2025

Si las reuniones de trabajo fueran capítulos de La Casa del Dragón…

29 diciembre, 2025

1. Cuando la reunión pudo ser un email (la escena “Consejo Innecesario de Desembarco del Rey”)

En la serie, más de una vez vemos a los Lores reunidos en el Consejo para hablar de… absolutamente nada relevante. Miradas tensas, mucha formalidad, y cero decisiones reales.
Paralelo real: Cuando te invitan a una reunión que claramente podría haberse resuelto con un correo de tres líneas. Te sientas, sonries, escuchas… mientras tu alma viaja en dragón hacia otros lugares.
Ambos mundos comparten: Tiempo perdido, personas obligadas a estar ahí y la sensación de “¿por qué seguimos hablando de esto?”.


2. El que llega tarde (la entrada dramática tipo Otto Hightower)

Otto nunca entra de forma discreta: siempre aparece como si algo gravísimo estuviera por ocurrir… aunque sea solo para recordar sus intereses.
Oficina versión Poniente: Ese compañero que abre la puerta tarde, con mirada de “traigo noticias urgentes”, pero en realidad llegó porque se le enfrió el café.
Paralelo perfecto: Nadie lo dice, pero todos piensan “¿Ahora qué quiere?”.


3. Cuando el jefe pregunta algo y nadie quiere contestar (la escena del silencio incómodo ante el dragón)

En la serie, cuando alguien poderoso habla (Viserys, Rhaenyra o Alicent), pocas veces la gente quiere levantar la voz. El miedo a equivocarse puede costarte… literalmente la cabeza.
Oficina: El jefe pregunta: “¿Qué opináis?”. Y ahí nos ves: todos mirando la mesa, el techo o fingiendo escribir.
Razón común: Evitar problemas. Porque responder puede convertirse en una batalla más larga que la Danza de los Dragones.


4. El comentario que desata el caos (el “Dracarys” involuntario)

En La Casa del Dragón, una sola frase puede acabar en guerra abierta. Una palabra mal dicha y… boom, dragones sobrevolando ciudades.
Oficina: El compañero inocente dice: “Yo creo que deberíamos cambiar toda la estrategia”.
Y de pronto:
– “No estoy de acuerdo.”
– “Eso nunca se dijo.”
– “¿Dónde está el acta?”
Conclusión: No hizo un comentario; lanzó un Dracarys sin darse cuenta.


5. La pelea por el control de la reunión (Daemon vs. todo el mundo)

Daemon siempre quiere tener la última palabra. Y si no la tiene, la toma.
Oficina: Dos personas hablan a la vez, sube el tono, nadie cede… y la reunión parece una batalla por el trono.
Paralelo: Ganas de mandar, egos chocando y una energía de “si pudiera montar mi propio Consejo, lo haría”.


6. El que usa 40 diapositivas (los grandes discursos de Poniente)

En la serie, siempre hay discursos eternos llenos de símbolos, árboles genealógicos y motivos para la guerra.
En la oficina: Presentación de 78 slides para explicar algo que todos ya entendían desde la diapositiva 2.
Similitud: Mucho adorno, poco avance real, y tú rezando para que aparezca un dragón que apague el proyector.


7. La lucha por el aire acondicionado (Verdes vs. Negros versión oficina)

En Poniente no hay guerras pequeñas: o todo o nada.
Oficina moderna: Un bando quiere frío ártico. El otro, clima tropical.
Paralelo directo: Se crean alianzas, se forman bandos, hay pactos secretos… y nadie queda satisfecho. Una guerra eterna.


8. Cuando el WiFi falla (la caída del dragón en plena batalla)

En la serie, cuando un dragón cae, todo se detiene.
En la reunión virtual: La conexión se congela, tu cara queda atrapada en un gesto horrendo y todos rezan porque no se pierda lo último que se dijo.
Ambos escenarios: Pánico, tensión y la sensación de que el destino depende de un hilo.


9. El cierre que no cierra nada (el final de temporada confuso)

En La Casa del Dragón, un episodio puede terminar dejándote con mil dudas.
Reunión real: “Entonces, ¿qué hemos decidido?”.
Silencio.
Confusión.
Desesperación.
Conclusión: No hubo resolución. Solo más drama para el próximo episodio… digo, reunión.


10. El café como eje central de la vida (el equivalente moderno a montar dragón)

En la serie, montar un dragón te da poder, energía, status.
En la oficina: Eso es el café. Sin él, no sobrevives ni al preámbulo de la reunión.
Paralelo perfecto: Con cafeína, puedes conquistar Poniente… o al menos sobrevivir a Recursos Humanos.